Llegó la hora de la paz

Todos los caminos confluyen hacia la paz. No obstante la serie de inconvenientes logísticos, climatológicos y de legislación internacional, el país y el mundo están esperanzados en que hoy en Oslo se haga la instalación oficial de la mesa de diálogo entre el Estado colombiano y los grupos subversivos para construir la anhelada paz y la reconciliación en el territorio nacional.

Luego de haber adelantado la fase de “conversaciones exploratorias”, los negociadores del Gobierno Nacional (Humberto de la Calle, Frank Pearl, Sergio Jaramillo, Óscar Naranjo, Luis Carlos Villegas y Jorge Enrique Mora) comienzan hoy el trascendental encuentro en la capital noruega con representantes de las Farc (Iván Márquez, Simón Trinidad, Rodrigo Granda, Marcos Calarcá y Andrés París) con el firme propósito de poner fin al conflicto y llevarles la paz a todos los colombianos después de tantas décadas de violencia y muerte.

Se puede considerar que estos diálogos que formalmente inicia el gobierno del presidente Santos con los líderes guerrilleros es el proyecto de paz con mayor credibilidad que se pueda recordar en la historia reciente de Colombia. Aún se recuerdan los fracasados intentos emprendidos anteriormente. El de Belisario Betancur en La Uribe, el de Virgilio Barco con el M-19 en México y Panamá, los de César Gaviria con las Farc, los secretos diálogos de Ernesto Samper en México y las fallidas negociaciones de Andrés Pastrana en el Caguán.

Pero los anteriores intentos no han contado con la prudencia, cautela y firme decisión como la planteada por el mandatario nacional, que repite reiteradamente que no va a cometer los errores del pasado y que, de cristalizarse, sería el más grande legado que pueda dejarle al progreso y la pacificación del país entero.

Pero el camino de la paz no es ni rápido ni fácil. Por supuesto este incipiente proceso de negociación puede sufrir tropiezos al contar con la resistencia de aquellos que lo intentan desprestigiar al considerar que solo a través de la violencia se logra vencer a los violentos, el terrorismo a punta de balas y que exclusivamente a través de la dureza de las acciones militares contundentes y con gran número de muertos se logrará vencer a las Farc y cualquier otro grupo que se oponga al sistema.

Otros escépticos dudan de que haya una unidad de mando en las Farc que garanticen fiables acuerdos, pues los jefes guerrilleros pueden firmar la paz, pero un 30% de este grupo armado no estaría decidido a acatarla. Esgrimen además que las cortes internacionales no pueden olvidarse de los crímenes de lesa humanidad que han perpetrado en su largo historial importantes miembros de este grupo subversivo.

Pero cada vez son más los colombianos que están convencidos de que esta inacabable guerra fratricida, estimulada por el espíritu de venganza, se ha convertido en un círculo vicioso ha traído odio y resentimiento, mayor destrucción en nuestros coterráneos, millares de desplazamientos generadores de desintegración familiar, inestabilidad económica, pobreza y hambre al país, alejándolo del progreso y el bienestar social.

En esta ocasión se perciben más compatriotas dándole un fiel apoyo a este proceso iniciado por el presidente Santos pero, eso sí, exigen cumplimiento de compromisos –que estarán en la agenda en Oslo y se continuarán en La Habana– como son el desarme de la guerrilla, la liberación de detenidos y secuestrados, la desaparición del secuestro, el no reclutamiento de menores y la suspensión de los ataques a indefensas poblaciones. Además, en dicha agenda es oportuno discutir sobre políticas de desarrollo agrario, participación en política y drogas ilícitas.

Son colombianos que han llegado a la conclusión de que solo silenciando las armas y generando creíbles espacios de diálogo como los que hoy comienzan en el territorio en donde se entregan anualmente los Premios Nobel de la Paz, se allana el camino hacia la justicia social, retomándose la senda del progreso y la prosperidad. Si no es ahora, no es nunca.

Fuente: El Heraldo de Barranquilla (Editorial)

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