Colombia perforó el orgullo Charrúa

Jhonny Olivares

El festejo del segundo gol de Colombia, obra de Teófilo Gutiérrez, fue un homenaje a su hija recién nacida. Con él, Camilo Zúñiga y Radamel Falcao García.

La cumbia amenizó una tarde ardiente, alegre y llena de buen fútbol en el estadio Metropolitano Roberto Meléndez. Los 38 grados de temperatura convirtieron a ese gigante de la Ciudadela en una caldera y Colombia, con su fútbol bonito y arrollador, lo hizo vibrar de alegría y emoción.

El combinado patrio dio ayer, al golear 4-0 a la selección de Uruguay, el paso más importante en esta larga lucha en las Eliminatorias al Mundial Brasil 2014. No solo por haber ganado, porque ya lo ha hecho en esta fase clasificatoria —venció a Bolivia (1-2) y Perú (0-1)—, si no porque dejó una imagen de superioridad inmensa ante una selección histórica y que llegó a La Arenosa con el ostentoso invicto de 19 fechas.

Falcao García, Teófilo Gutiérrez y Camilo Zúñiga pusieron a gozar con sus goles a una afición que respondió y apoyó durante los 90 minutos.

Bien temprano, cuando los uruguayos ni siquiera se habían acomodado, Falcao se estrenó como goleador en Barranquilla con la Selección al anotar, al minuto 2, el tanto que abrió el marcador del juego. El Tigre recibió un centro a media altura de Camilo Zúñiga y de primera impactó con pierna derecha para enviar el balón al fondo de la red.


Camilo Zúñiga, una de las figuras de Colombia, celebró su gol al estilo del delantero portugués Cristiano Ronaldo.

Con ese tanto, el artillero samario se quitó de inmediato esa presión que caía sobre sus hombros y mostró la faceta que le conocemos en el Atlético de Madrid, la de un jugador top, clase mundial, que está para hacer historia.

Colombia se dedicó a tocar y a desgastar al rival —si es que se podía desgastar más— con un toque corto que recorrió la cancha, siempre buscando el error, para filtrar un balón y hacer daño en cancha contraria. En esa labor fue fundamental la labor de Abel Aguilar, quien guió al equipo desde atrás con personalidad y claridad.


Macnelly Torres volvió con pie derecho a la Selección.

Uruguay intentaba reaccionar, pero le faltaba potencia y claridad adelante. En un error de Valdés, al borde del área, pudo igualar las acciones, pero el remate de Álvaro Pereira pasó por encima del horizontal.

Al minuto 14, Falcao se ingenió una jugada personal, le pasó el balón entre las piernas a dos uruguayos y sacó un remate rastrero que detuvo sin problemas el arquero Fernando Muslera. Un minuto más tarde, nuevamente el Tigre inquietó con un cabezazo que pasó por encima del arco, tras centro del lateral Pablo Armero.

La primera parte fue un monólogo tricolor. El equipo de Pékerman maniató a Uruguay con su toque descarado y enloquecedor, pero no pudo ampliar el marcador.

Segundo tiempo. Comenzando la etapa complementaria (min. 2), Colombia asestó otro golpe mortal a una Uruguay irreconocible. Esta vez el verdugo de los charrúas fue otro, se trató de Teófilo Gutiérrez. El delantero barranquillero recibió un pase entre líneas de James Rodríguez y definió con un remate rastrero con pierna derecha que pasó entre las piernas del arquero Muslera.

Uruguay veía como esa tarde infernal comenzaba a hacérsele larga, eterna, interminable. Cinco minutos después del segundo gol, apareció nuevamente ‘Teogol’ para prender la fiesta y firmar la goleada. El artillero barranquillero recibió un centro a media altura de James Rodríguez y conectó de primera, con pierna zurda, para decretar el 3-0 parcial.

A los uruguayos le pesaban las piernas y de paso la mente. Nada les salía, nada producían, solo veían cómo un equipo colombiano envalentonado por su fútbol les tocaba el balón de un lado a otro sin misericordia.

Sus estrellas, Diego Forlán y Édinson Cavani, deambularon sin rumbo fijo en el Metro. Forlán fue el que más intentó, pero nunca generó peligro. El Cebollita fue otro espectador más y en el medio, Arévalo Ríos se inclinó por la pierna fuerte, producto de la impotencia.

Forlán y Cavani tuvieron el gol de la honrilla al minuto 38 y 40, respectivamente, pero sus remates pasaron cerca del vertical. Los charrúas atacaban más por esa garra que los identifica, que por claridad en su juego. Sus escasos ataques siempre chocaron con la ordenada defensa colombiana.

Y como todo excelente acto, lo mejor está guardado para el final. Camilo Zúñiga sacó de la chistera una jugada de crack y anotó el cuarto y definitivo gol. El lateral antioqueño dejó en el camino a un defensor uruguayo con una rápida gambeta y sacó un remate rastrero, con pierna derecha, que se coló, nuevamente, entre las piernas del arquero Muslera.

Uruguay se fue en esta oportunidad de Barranquilla con cuatro goles en su bolsa. La última vez que vino a esta encantadora ciudad —6 de junio de 2004— se comió cinco tantos. Queda clarísimo que aquella frase que hizo popular el legendario Joe Arroyo de “en Barranquilla me quedo” no comulga con el sentir charrúa.

Fuente: El Heraldo de Barranquilla

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