Lo que se ignora de la obesidad

La falta de horas de sueño aumenta los kilos de más. Los pequeños atracones esporádicos de comida elevan la grasa corporal, mitos y verdades sobre la obesidad.

Lo que se ignora de la obesidad

Se calcula que para 2015 una de cada diez personas será gorda. Pero ¿engordamos porque nuestro organismo gasta poca energía, o porque proporcionamos a nuestro cuerpo demasiada comida?.

Aunque una de las razones más utilizadas para explicar el aumento en la cantidad de personas obesas, sobre todo en los países desarrollados, es el estilo de vida sedentario, un estudio reciente demuestra que la principal causa de la actual epidemia mundial de obesidad se debe al consumo excesivo de alimentos.

Este es sólo una de los huecos de información, mitos o confusiones que existen en la mayoría de las personas respecto de la obesidad y que, en muchos casos, impiden combatirla eficazmente o, incluso, la alientan. Para adelgazar, o al menos no engordar, conviene conocerlas y aclararlas.

Según una de las teorías más habituales, la creciente obesidad se debe a la mayor inactividad y el consiguiente menor gasto de energía de la población moderna, comparada con la gran actividad física que desplegaban hace miles de años nuestros ancestros cazadores y recolectores para conseguir alimentarse.

No obstante, según una investigación conjunta del Hunter College de Nueva York, la Universidad de Arizona y la Universidad de Stanford, en Estados Unidos, los cazadores-recolectores consumían, la misma cantidad de energía que consumen los seres humanos en la actualidad.

Para llegar a esta conclusión, los investigadores valoraron el gasto energético de los ‘hazda’, una tribu nómada de Tanzania que vive en la sabana, y cuyas costumbres y actividad física apenas se han modificado en los últimos 10.000 años.

Los expertos estadounidenses comprobaron que los ‘hazda’, que caminan durante días en busca de alimentos, tienen un gasto energético (calorías quemadas diariamente) no mucho mayor que el de cualquier adulto de Estados Unidos o Europa.

ENGORDAMOS PORQUE DORMIMOS POCO

Este descubrimiento cuestiona, según los autores del estudio, la suposición de que nuestros antepasados consumían más energía que nosotros y apuntala la idea de que el actual incremento de la obesidad obedece a un mayor consumo de alimentos, a que comemos demasiado, y no a una disminución en el gasto de energía, a que nos ejercitamos menos.

Otro aspecto ignorado o escasamente conocido sobre la obesidad es la relación entre la falta de horas de sueño y el incremento de peso.

Según el doctor Adelardo Caballero, director del Instituto de Obesidad (IOB), la gordura “se ha convertido durante las últimas décadas en uno de los principales problemas de salud. La Organización Mundial de la Salud cifra en 1.000 millones el número de adultos con sobrepeso y en 300 millones el número de obesos. Hay distintas explicaciones para el constante incremento de estas cifras y los posibles factores sociales que lo inducen”.

“Diferentes estudios y publicaciones apuntan hacia el hecho de que las personas que duermen menos de ocho horas diarias y, al mismo tiempo, poseen horarios de comida irregulares, tienen más riesgo de padecer patologías como la obesidad”, señala Caballero.

El reciente libro ‘Obesity’, en el que han participado más de treinta investigadores internacionales, asegura que dormir poco perturba las hormonas que regulan el apetito como la leptina y la ghrelina, por lo que el sueño de corta duración se configura como uno de los factores que contribuye a incremento del riesgo de obesidad, tanto entre los adultos como en edad infantil.

“Un estudio publicado en el International Journal of Obesity ha corroborado cómo aquellos niños que duermen menos de siete horas diarias muestran un aumento de peso superior al de aquellos que duermen un mínimo de ocho horas por jornada”, añade el director del IOB ( http://www.adelardocaballero.com).

El Instituto de Obesidad alerta del creciente incremento del número de personas obesas puesto en relación con la ausencia del número adecuado de horas de sueño: no dormir lo suficiente implica un mayor cansancio, que deriva en una menor movilidad, factor al que se añade que las hormonas de control de la ingesta aumentan cuando no se alcanzan las horas de sueño necesarias.

“Un reciente estudio del Center for Health Research de Oregón (EE.UU.), en el que participaron 500 personas, indica que quienes intentan perder peso son más propensos a conseguir su objetivo si tienen menos niveles de estrés y duermen entre seis y ocho horas diarias” destaca el doctor Caballero.

¡CUIDADO CON LOS ATRACONES ESPORÁDICOS!.

Asimismo, otras investigaciones recientes revelan aspectos poco conocidos o divulgados pero muy importantes sobre la obesidad.

Por ejemplo, permitirse pequeños “atracones” de comida de vez en cuando puede tener consecuencias a largo plazo en la fisiología, aún después de haber perdido el exceso de peso inicial, según un estudio de la Universidad de Linköping (Suecia).

Los investigadores suecos han comprobado que basta con cuatro semanas en las que se den varios episodios en los que aumente el consumo de calorías hasta un 70 por ciento, y se descuide el ejercicio físico, para incrementar el peso y la grasa corporal.

Los efectos de los atracones pueden manifestarse o perdurar hasta dos años y medio después, lo que demuestra que “un momento de comida en los labios se puede convertir en un año de grasa en las caderas”, señalan.

La obesidad también presenta algunos factores de riesgo poco conocidos.

El aumento de peso no depende sólo de las costumbres alimentarias, el consumo y gasto de calorías,  también de la predisposición genética o el funcionamiento metabólico de una persona.

Según se expuso en un congreso científico organizado por los Institutos Nacionales de la Salud (NIH) de EE.UU., el estrés induce a comer más veces a deshoras y sin control y a ingerir más dulces y grasas, y aumenta los niveles en el cuerpo de insulina y cortisol, que favorecen la acumulación de grasa.

Además, el tipo de bacterias que forman la flora intestinal pueden hacer que se absorba más comida o se metabolice de modo deficiente, y ciertos virus, como el AD-36 aviar, o compuestos químicos como el diethylstilbestrol (DES) pueden propiciar que se engorde.

Por otra parte, muchas personas no son conscientes del grado de gordura, ya que  tienen percepciones sesgadas sobre su peso y  creen que son más delgados de lo que en realidad son, a pesar de lo ‘que les dice’ la báscula, según la encuesta de Harris Interactive/HealthDay, realizada en Estado Unidos.

El trabajo, que comparó el Índice de Masa Corporal (fórmula para calcular el grado de obesidad en base a los kilos y la estatura) con la percepción de la propia persona sobre su peso, encontró que el 30 por ciento de quienes tienen sobrepeso no son conscientes de ello y el 70 por ciento de los obesos creen que sólo tienen “unos kilos de más”.

“Quien no reconoce el problema o su gravedad, es menos propenso a solucionarlo”, señalan los autores. La pregunta que recomiendan hacerse es: “¿soy una de esas personas?”.

Fuente: Revista Cromos

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