Los secretos terapéuticos de la risa

Reír el mejor remedio

La risa puede ser la mejor terapia.

Unas buenas carcajadas son saludables, además de divertidas. Ría más a menudo y siéntase mejor.

No es un misterio que reír se siente bien, ¿pero qué hay detrás de una carcajada?

Varios estudios afirman que cuando alguien ríe libera endorfinas, sustancia encargada de producir felicidad en el cuerpo (que, por cierto, también son liberadas cuando una persona hace ejercicio o tiene relaciones sexuales). Varias investigaciones lo demuestran: La Universidad de Oxford presentó el año pasado un estudio dirigido por el antropólogo Robin Dunbar, que asegura que la risa hace las veces de analgésico. El líder del trabajo dice que “una risa muy intensa produce la liberación de las endorfinas que, además de generar una leve euforia, también calman el dolor”.

Y hay más: “Una carcajada intensa aumenta el ritmo cardíaco, estimula al sistema inmune, potencia el estado de alerta y nos hace ejercitar los músculos”, asegura Robert McGrath, psicólogo de la Universidad Wisconsin-Madison, que se ha dedicado a estudiar la risa, y añade que “luego de reír hay un breve período durante el cual la presión sanguínea baja y el corazón se desacelera”.

Es cierto, una buena carcajada -que se origina en el cortex del cerebro, detrás de la frente, según comprobaron investigadores del Instituto de Neurología de Londres y de la Universidad de Nueva York-, activa el organismo, impulsa 400 músculos del cuerpo y evita el estrés.

Pero no solo se trata del cuerpo. La risa también impacta las relaciones sociales, pues es un lenguaje que involucra a unos con otros. La psicóloga Patricia Sequeda de la Fundación Doctora Clown, explica que “es una forma sencilla de comunicarse y tiene un efecto para el desarrollo social de todas las etapas de la vida. Es por eso que un niño pequeño sonríe -sin premeditarlo-, y continúa haciéndolo cuando ve que reír provoca reacciones en los otros”.

Esta idea de la risa como forma de comunicación se le debe en gran medida al investigador Robert Provine, quien asegura en su trabajo Laughter: A scientific investigation (La risa: una investigación científica), que la risa es 30 veces menos frecuente en situaciones solitarias que en situaciones sociales. Es un mensaje que enviamos a las otras personas, y si no están, sencillamente no lo enviamos.

Además de esta función social, la risa tiene otra manifestación psicológica establecida por el padre del psicoanálisis, Sigmund Freud: tiene un efecto catártico, es decir, purificador. La psicóloga Sequeda explica que “la risa a carcajadas -de esas en las que terminas llorando- tiene el mismo efecto que el llanto, pues libera el organismo de las energías negativas”. El resultado de una catarsis es alivio emocional.

Risa como terapia

¿Pero qué sucede si no hay ganas de reír? Puede acudir a la ‘risa fingida’, que también es positiva, actualmente enseñada en las clases de yoga e implementada por primera vez por Madan Kataria, un médico indio conocido como el ‘gurú de la risa’. Él asegura que el movimiento crea emoción y que las cosas que le suceden a la mente le pasan al cuerpo (y viceversa). Por eso, aunque una persona se sienta triste, debería actuar como si estuviera feliz para contagiar a su mente.

A partir de sus postulados, nacieron en todo el mundo las terapias de la risa, que consisten en “disminuir los episodios de depresión y ansiedad en todas las personas, especialmente las que están hospitalizadas”, como explica el médico Sergio Perea, creador de la Fundación Doctor Chocolate en Bucaramanga, una entidad sin ánimo de lucro que tiene la terapia de la risa como bandera para trabajar con niños que padecen enfermedades crónicas.

Él explica que “cuando hay una enfermedad, el cuerpo libera las hormonas del estrés que aumentan la tensión arterial y la frecuencia respiratoria. Eso hace que una persona se sienta mal. Cuando se interviene con terapias de la risa, en el cerebro se contrarresta la liberación de hormonas del estrés, pues se liberan sustancias que ayudan a aumentar las defensas”.

Otra institución que trabaja con estas terapias es la Fundación de la Doctora Clown, que tiene sedes en Bogotá, Medellín y Cali. Luz Adriana Neira, una de las directivas de la fundación, dice que “la risa es un estimulante psíquico que devuelve al ser humano las ganas de vivir, le da tranquilidad y esperanza. Si uno ríe espontáneamente e incluso si lo hace de manera fingida, producirá un efecto positivo”. Esto implica que si se estimula el cerebro con una carcajada real o ficticia se liberan endorfinas de igual manera. Bajo esta idea, la fundación lleva diversión a hospitales y escuelas, haciendo shows de payasos, teatro o malabares, con el fin de “que la gente aprenda más rápido, se divierta y se sienta mejor”, señala la doctora Clown.

Pero la risoterapia no solo tiene aplicación en el ámbito médico, sino que cualquier persona puede hacerla para sentirse mejor. Álvaro Javier Moreno es un maestro del yoga de la risa, certificado por el centro mexicano Namasté y actualmente dirige el Instituto de Risoterapia en Bogotá. Cuenta que “el yoga de la risa parte de la base de que uno se puede reír sin estímulos externos, sino internos, en los que uno invite al cuerpo a reírse”.

Esta terapia se compone de una serie de técnicas que desarrollan dentro del instituto: “Una es la recreación dirigida, que tiene como propósito recordar la época de la infancia y jugar por diversión. Otra terapia es la de las cosquillas. También está el baile y, la más extendida en el instituto, el yoga”, señala Moreno.

Esta última consiste en realizar un calentamiento muscular con 8 o 10 ejercicios, luego una meditación de la risa y, al final, un proceso de relajación que dura 45 minutos. Todo esto se realiza bajo la guía de un líder y en grupo. Álvaro Moreno agrega: “En un principio, el impacto del grupo para el yoga de la risa es fundamental. Nosotros siempre lo hacemos con varias personas y yo lo explico así: si uno se sienta a ver una película de comedia solo, se divierte, pero con más personas se potencializa el efecto de la risa”.

Pero para reír no es indispensable asistir a una sesión de risoterapia, pues existen técnicas de acercamiento a la risa que pueden animarlo para que se carcajee más a menudo. No tienen efectos secundarios y no necesitan nada más que disposición y 10 minutos para concentrarse en la actividad. A continuación, le presentamos dos ejercicios para que los desarrolle en casa.

1. Coloque su mano en el abdomen e inspire con la nariz. Mientras expira, diga “ja, ja, ja” hasta que el aire haya salido completamente. Repita tres veces. Luego haga lo mismo, pero cambie el sonido por “je, je, je”. Hágalo nuevamente repasando todas las vocales.

2. Cuando se despierte, estire cada músculo del cuerpo. Después de tres minutos, con los ojos cerrados, ría durante 5 minutos. Al principio estará provocando la risa, pero la práctica diaria causará risa genuina. Practique todos los días.

300 a 400 veces al día ríe un niño desde los 0 hasta los 6 años, en promedio. En el caso de los adultos, la frecuencia de la risa disminuye a 100 veces si se trata de una persona muy risueña y hasta 15 para los menos alegres.

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