Lenys Lozano Castrillón, la primera mujer piloto de la aviación naval

La primera piloto de la aviación naval

La teniente de corbeta Lenys Lozano Castrillón se graduó el 17 de junio.

De 12 mujeres que han aspirado, la teniente de corbeta Lenys Lozano ha sido la única en lograrlo.

“Ni el mar ni el cielo son como los pintan los poetas”. Así, de forma franca y concisa, como es ella, la teniente de corbeta Lenys Lozano Castrillón, la primera mujer piloto de la aviación naval colombiana, califica su trabajo.

Su historia, así como la de la aviación naval colombiana, se inició hace 25 años cuando su madre, la esposa de un oficial de la Armada, la trajo al mundo en la base naval de Tumaco, en Nariño.

Gateando entre buques, fragatas e infantes de marina y ante la mirada vigilante de su padre, la menor de la familia Lozano Castrillón empezó a enamorarse de las olas y el mar que conoció en el Pacífico colombiano. Mientras tanto, los primeros aviones de la Armada -algunos Cessna 206 y otros Turbocomander- empezaban a surcar los cielos del Atlántico para apoyar y consolidar una marina de guerra que hoy se destaca internacionalmente por sus aviones de última tecnología y de la cual dice sentirse orgullosa de pertenecer.

Llegar allí no fue una tarea fácil; de eso pueden dar cuenta los 12 hombres que el año pasado se presentaron al curso junto con ella y claudicaron en el intento. Y es que para lograr este sueño, primero tuvo que enfrentar olas de cuatro metros de altura, pasar noches sin dormir para interceptar lanchas con drogas, sortear tormentas eléctricas a miles de metros de altura y, sobre todo, estudiar mucho.

Pero no siempre estuvo tan conectada con su profesión. Cuando llegaron los años de la niñez, los traslados permanentes de su padre comenzaron a separarla cada vez más de las costas hasta llevarla a la fría Bogotá, donde la familia se radicó por muchos años. Sin embargo, a pesar de llevar una vida alejada del azul y del mar, su obsesión por navegar y sobrevolar el océano no se apaciguó.

Y el 6 de enero del año 2005, a los 17 años de edad, se convirtió en el tercer miembro de la familia en ingresar a la Armada Nacional. Su hermano mayor también había seguido los pasos del padre.

Durante cuatro años se formó en la escuela Almirante Padilla, donde estudió Oceanografía Física, pero no fue sino hasta cuando llegó a la fragata misilera, que sería su hogar por más de dos años, que descubrió que al mar, más que tenerle amor había que tenerle respeto y conocimiento.

Ahora, como integrante del exclusivo club de pilotos de la aviación naval, tendrá la misión de vigilar el mar desde el el aire, una pasión que se convirtió en su objetivo principal cuando hacía parte del Comando de Guardacostas. Entonces, recibía desde los aviones información precisa para interceptar las lanchas con drogas que intentaban llegar a Centroamérica desde las costas colombianas.

En ese momento descubrió que quería ser piloto, confiesa Lenys, pues aunque siempre vivió enamorada de los aviones, no le veía mucha gracia a pilotear para transportar pasajeros. Quería una misión diferente y esa fue buscar las lanchas rápidas de los narcos.

El 17 de junio pasado, después de aprobar exigentes pruebas físicas, psicológicas y de conocimiento, se graduó de piloto naval, para orgullo de su padre y de su hermano mayor, quienes ven con admiración que Lenys, la más pequeña, la más consentida y aparentemente la más indefensa de la familia, alcanzó un logro hasta hoy reservado para ‘varones’.

Fuente: El Tiempo

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