Lo propio de Latinoamérica

Figari_Pedro_La vida

Pedro Figari, Montevideo, 1861 – 1938, La vida, 1933, Óleo sobre masonite, 32,5 x 49 cm.

‘América día a día’, exposición en el Museo Nacional, con obras de la colección FEMSA.

Parafraseando el diario de viaje de Simone de Beauvoir ‘América día a día’, la exposición temporal que se presenta en el Museo Nacional de Colombia, conformada por obras de la colección de arte FEMSA, plantea un viaje por el arte en América Latina cuyo itinerario selecciona once países como puntos de paso y nos permite disfrutar de la obra de cuarenta artistas.

Al igual que Beauvoir, iniciamos una aventura que nos lleva a tierras lejanas, saboreada por la pintura, el dibujo, la fotografía, la escultura y las instalaciones. Dispuestos a surcar la accidentada geografía del continente, la curaduría quiso meterse en la piel de América Latina “en busca de lo propio”[i].

Retomando la premisa planteada por la historiadora del arte Ivonne Pini, evitamos establecer generalidades a priori en torno a la idea de “lo propio”, y potenciamos las particularidades en las diversas propuestas que se realizan en cada obra expuesta para vislumbrar las aproximaciones perfiladas por los artistas en la búsqueda de esa esquiva noción de pertenencia en nuestra apresurada travesía.

En nuestro caso particular, el metafórico viaje es un pequeño “Grand Tour” que dista del fenómeno originado en Inglaterra a finales del siglo XVI y perfeccionado durante el siglo XVIII, donde se desarrolló al máximo el coleccionismo de arte como medio de educación sentimental para los jóvenes de la elite que partían hacia el continente europeo al terminar sus estudios.

En América Latina, a finales del siglo XIX, se empezó a viajar al antiguo continente con el afán de adquirir obras de arte, ya estando bien establecidas las nuevas repúblicas que se habían independizado al principio de siglo. Esta versión del “Grand Tour” es también compartida por los Estados Unidos, por lo que se puede considerar un fenómeno cultural de acercamiento a las civilizaciones más viejas de Europa por parte de los americanos.

Es precisamente la época en que se empiezan a formar las colecciones privadas norteamericanas más importantes que terminarían luego siendo la base de muchos museos nacionales[ii].

La colección FEMSA es heredera del coleccionismo empresarial norteamericano y forma parte de ese reverso en la dinámica del “Grand Tour” al interesarse por el arte producido en nuestro continente.

El viaje es un acercamiento a las propias civilizaciones en los siglos XX y XXI con espíritu autoreflexivo, donde el turista es una Asociación Civil coleccionista.

El viaje inicia en México, país de origen y fuente de la colección FEMSA.  Al ser la primera escala, como viajeros nos tomamos el tiempo de reconocer a trece artistas. El viaje inicia con la espléndida vista panorámica de la Torre Latinoamericana elaborada por Damián Ortega y termina en Uruguay frente a una Construcción de Joaquín Torres García.

Es un recorrido apresurado que cuenta con una escala técnica en Colombia para apreciar el trabajo consolidado durante la década de los años setenta por Eduardo Ramírez Villamizar, Santiago Cárdenas y Fernando Botero.

Con la curiosidad propia del viajero que quiere dominar y disfrutar el trayecto antes de su partida, recurrimos a una voz experimentada, la crítica argentina Marta Traba, quien en sus conferencias, artículos y publicaciones habló de casi la totalidad de artistas sincrónicos incluidos en esta exposición y que, por demás vaticinó hace cincuenta años en el prefacio del libro La pintura nueva en Latinoamérica, lo siguiente:

“No hay persona de mediana cultura que no esté al tanto de los movimientos artísticos y culturales europeos, y aún de los norteamericanos. América Latina, en cambio, es un terreno inédito. Recorriéndola de sur a norte y de norte a sur, se experimenta el placer puro del descubrimiento; se cae en cuenta de cuántas mentiras y cuántas ficciones se han acumulado sobre su pequeña historia cultural. Y también de la fuerza y valor verídicos que revisten las pocas obras que pueden rescatarse intactas entre tanta vana palabrería laudatoria”[iii].

A lo largo del siglo XIX la formación de la imagen visual de América Latina estuvo a cargo de viajeros europeos; fue solo hasta mediados del siglo XX cuando la mirada comienza a distanciarse del eurocentrismo. Comenzaron entonces a consolidarse procesos de autoevaluación, coleccionismo, investigación crítica, exhibición y musealización del arte “propio”.

Con los afanes, casi neurosis postcolonialistas del fin de siglo, también impregnados en la esfera artística, resulta casi risible reconocer que el parte aguas expositivo que dio la bienvenida al arte de América Latina en el siglo XXI fuera organizado por el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía en Madrid, España.

Con clara resonancia a la popular frase de Joaquín Torres García “el sur es nuestro norte”, la programación 2000-2001 denominada Versiones del sur presentó cinco exposiciones temporales: Eztétyca del sueño, Heterotopías. Medio siglo sin lugar: 1918-1968, No es sólo lo que ves.

Pervirtiendo el minimalismo, Más allá del documento y F(r)icciones. Todas ellas fueron curadas por latinoamericanos, que al decir de los organizadores no resumen “la fragancia del arte latinoamericano (…) pero al menos, son suficientemente significativas y expresan puntos de vista de los propios latinoamericanos”[iv].

En la América Latina del siglo XXI, la formación de la imagen visual parece estar en nuestras propias manos. La realidad misma de América Latina no se niega aún hoy en día, como lo hacen algunos intelectuales africanos con la noción de África, considerada una invención colonial. La autoconciencia de pertenecer a una entidad histórico-cultural mal llamada América Latina se mantiene, pero problematizándola.

No obstante, el “What is Africa?” de Mudimbe aumenta cada día su vigencia transferido a nuestro ámbito: ¿Qué es América Latina? Entre otras cosas, una invención que podemos reinventar, señala con precisión el historiador y curador cubano Gerardo Mosquera, quien también apunta:

“Con frecuencia no se miran las obras: se piden de entrada sus pasaportes, y se revisan los equipajes ante la sospecha de algún contrabando desde Nueva York, Londres o Berlín. Los pasaportes a menudo no se hallan en regla, pues responden a procesos de hibridación y apropiación, en respuesta a una larga y multifacética situación postcolonial.

Sus páginas aparecen llenas de resignificaciones, reinvenciones, “contaminaciones”, e “incorrecciones”, ya desde los tiempos del barroco. Más aún en nuestra época, signada por tanta transformación e hibridación cultural, cuando ocurren complejas readecuaciones de las identidades mientras los bordes se vuelven porosos y mutantes”[v].

Los estudios de Marta Traba, Damián Bayón, Gerardo Mosquera e Ivonne Pini, entre otros, han readecuado esas identidades y con ello han facilitado la destrucción de los estereotipos, así como la lectura desde una época ‘postutópica’ y como decía Simone de Beauvoir “reflejan la existencia de este demiurgo de sueños imperiosos”.

El museo dista cada vez más de la sinonimia con el mausoleo y debe ser entendido como el indicador de problemas que actualmente enfrenta un país como Colombia respecto a sus valores históricos. El Museo Nacional de Colombia, un instrumento que soporta las narrativas nacionales -de acuerdo con sus componentes misionales de coleccionar, estudiar y exhibir el patrimonio cultural- es duramente cuestionado cuando asume la ideología del arte contemporáneo que casi instintivamente rechaza la noción de permanencia o por lo menos la discute.

El relevo generacional que se esboza en esta exposición temporal va más allá de patentar un “look latinoamericano”, Gerardo Mosquera reconoce cómo los nuevos artistas parecen menos interesados en mostrar el pasaporte, lo que importa es la práctica artística como creadora de diferencia cultural: ¡México es más que Diego o Frida! y ¡Colombia es más que Botero!

Vivimos rodeados por objetos que si tuvieron una historia la han desgastado al ser sometidos a constantes juegos de impertinentes contextualizaciones y descontextualizaciones. La colección FEMSA pretende exhibirse y completarse sistemáticamente, como sucede con las colecciones de los museos, aunque la mayoría de los coleccionistas jerarquizan sólo a posteriori, frente a la extravagante pulsión del catálogo.

Abogando por “esa idea de colección como conjunto abierto, definido a partir de lo que falta, es difícil descifrar qué falta en la rememoración si el recuerdo implica siempre olvido”[vi].

Como viajeros en este pequeño “Grand Tour” por América Latina, compartimos las preguntas consignadas en el diario de viaje de Beauvoir al visitar el Museo de la Sociedad Histórica en Los Álamos, Nuevo México, cuando observó las piezas expuestas: “…tan seductoras, tan diferentes y semejantes en su diversidad, de seducción tan baldía, nos ponen en el corazón una especie de fatiga.

¿Qué se retiene de un viaje? ¿Qué nos llevaremos que hayamos hecho nuestro de verdad? ¿Por qué razón miramos? ¿Para qué mirar?”[vii].

*Curador invitado

[i]  Ver el texto de Ivonne Pini. En busca de lo propio. Inicios de la Modernidad en el arte de Cuba, México, Uruguay y Colombia 1920-1930. Bogotá: Universidad Nacional de Colombia, 2000. La autora propone analizar los inicios de la modernidad en el arte latinoamericano desde la perspectiva que ofrecen los textos escritos en la época. Los artistas intentaron proponer modelos que más allá de la incorporación de modas externas, les permitieran encontrar aquellos elementos culturales que los distinguían de los otros. Se quería ser moderno pero sin que ello implicara simplemente imitar lo que venía de afuera.

[ii]   Alberto Barral, Director de la Consejería al Cliente para Latinoamérica en Christie’s, Nueva York publicó el artículo “El Coleccionismo en América Latina a comienzos de siglo. El reverso del ‘Grand Tour'” en Arte en Colombia Internacional No. 70 (Abril-junio de 1997), p. 76-78.

[iii]  Marta Traba. La pintura nueva en Latinoamérica. Bogotá: Ediciones Librería Central, 1961, p. 9.

[iv]  Heterotopías. Medio siglo sin-lugar: 1918-1968. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.  Diciembre 12 2000 – febrero 27 2001. Las comillas fueron tomadas del texto de presentación firmado por el presidente de la Sociedad Estatal España Nuevo Milenio, Luis Miguel Enciso Recio.

[v]  Gerardo Mosquera. “Del arte latinoamericano al arte desde América Latina” en Art Nexus No. 94 (Abril-junio 2003), p. 70.

[vi]  Estrella de Diego. “Historia de unas cosas sin historia” en Revista de Occidente No. 141. Enero de 1993, p. 11.

[vii] Simone de Beauvoir. América día a día. Diario de viaje. Barcelona: Mondadori, 1999, p. 198.

Juan Darío Restrepo Figueroa / Curador

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